No quiero decir lo cansada que estoy de todo, ni de todos. No quiero decir lo harta que estoy de aquello y ellos. No me apetece decir las pocas ganas que tengo de esto y de ti.
Tengo ganas de echarlo de menos, de echaros de menos, de echarte de menos y de echarme de menos. tengo ganas de añorarlo todo. En ese momento sabré que todo ha acabado y sufriré sus consecuencias.
S.O.S.
Don't Panic.
miércoles, 23 de noviembre de 2011
martes, 8 de noviembre de 2011
Desubicada
Es ese sentimiento agudo que te hace un nudo en el estómago. Es esa razón por la que prefieres estar encerrada en tu casa, metida en la cama, intentando no pensar en el futuro y quedarte inconsciente. Todas esas veces que he deseado que la tierra me tragase o desaparecer en un segundo, todas aquellas se intensifican en el presente. Mi presente. Sí, obro insegura porque mi mente no da para más. Creo quimeras sin fin en las que me intento refugiar, resultando ser una trampa de mi subconsciente. E incluso a veces llego a imaginarme mi vida de otra manera, una pura mentira, y llegar a creérmela tanto que no se hasta que punto es mi propia creación o la cruda realidad.
Me siento descolocada un mundo en el que parece no haber término medio, en el que las cosas son siempre negras o blancas y todas las cosas que hagas se pueden tornar a tu contra con sumo movimiento imprevisto.
Sí, estoy parada en la frontera de dos mundos. Uno, el mío, creado por mi mente y mis recuerdos. El otro, la realidad incierta en la que habito.
Lo veo cada día al mirarme en el espejo. Mi reflejo me resulta desconocido, como si lo hubiese olvidado por completo. Me siento ajena a mi apariencia, a mi propia apariencia!
Algunas veces creo que estoy sola en el camino, en medio de una enorme masa de gente, pero sola. Sin nadie relativo a mí misma. Nadie que me haga recordar los buenos momentos. Vago por los callejones del olvido sin un destino fijo. Sin una meta clara en la que fijar mis sentidos. Me escondo entre pilas y pilas de libros, donde único encuentro reposo.
Sin raíces. Como un hierbajo arrancado.
Me siento descolocada un mundo en el que parece no haber término medio, en el que las cosas son siempre negras o blancas y todas las cosas que hagas se pueden tornar a tu contra con sumo movimiento imprevisto.
Sí, estoy parada en la frontera de dos mundos. Uno, el mío, creado por mi mente y mis recuerdos. El otro, la realidad incierta en la que habito.
Lo veo cada día al mirarme en el espejo. Mi reflejo me resulta desconocido, como si lo hubiese olvidado por completo. Me siento ajena a mi apariencia, a mi propia apariencia!
Algunas veces creo que estoy sola en el camino, en medio de una enorme masa de gente, pero sola. Sin nadie relativo a mí misma. Nadie que me haga recordar los buenos momentos. Vago por los callejones del olvido sin un destino fijo. Sin una meta clara en la que fijar mis sentidos. Me escondo entre pilas y pilas de libros, donde único encuentro reposo.
Sin raíces. Como un hierbajo arrancado.
domingo, 6 de noviembre de 2011
Volátil
Sí, una palabra lo dice todo. Siete letras.
Sin características propias, es decir, sin personalidad, te aferras a lo ajeno.
Sin características propias, es decir, sin personalidad, te aferras a lo ajeno.
miércoles, 26 de octubre de 2011
Stop.
Taxi! Wait for me, please.
Tus desequilibrios me sacan de quicio.
Deja de gastar tiempo en mí, no he pedido que me esperes.
Tus desequilibrios me sacan de quicio.
Deja de gastar tiempo en mí, no he pedido que me esperes.
sábado, 15 de octubre de 2011
Mármol.
Sí, me gusta el azul. Hoy es un día azul. Mi color favorito.
Me gustan los corazones de gominola.
Me gusta el verano.
Me gusta reír sin parar.
Me gusta poder hablar de todo.
Me gusta caminar descalza por la playa.
Me gusta zambullirme en el mar.
Me gusta el olor de las piscinas.
Me gusta el jamón serrano.
Me gusta mirarme en el espejo por la mañana.
Me gusta pintar.
Hoy soy muy feliz.
BMS, Gracias.
Me gustan los corazones de gominola.
Me gusta el verano.
Me gusta reír sin parar.
Me gusta poder hablar de todo.
Me gusta caminar descalza por la playa.
Me gusta zambullirme en el mar.
Me gusta el olor de las piscinas.
Me gusta el jamón serrano.
Me gusta mirarme en el espejo por la mañana.
Me gusta pintar.
Hoy soy muy feliz.
BMS, Gracias.
domingo, 9 de octubre de 2011
viernes, 30 de septiembre de 2011
El amanecer queda cerca de la playa.
Dulce brisa de principios de otoño colorea mis mejillas de ocres y dorados.
Agua fría como el hielo hace que mi cuerpo se suma en el más profundo de los abismos.
Arena suave inunda mi piel de extrañas sensaciones.
Yo quise cambiar el mundo, y tal vez ese mundo me cambió.
Giro la cabeza y lo veo avanzar.
Armonía en cada uno de sus pasos.
Brillo en sus ojos.
Pero una mueca seria en su cara.
Yo quise cambiar el mundo, y tal vez ese mundo me cambió.
Se sienta a mi lado. Distante. Parece una sombra de sí mismo.
Con la yema de los dedos roza la arena recién mojada.
Moja sus labios resecos con la punta de la lengua.
Yo quise cambiar el mundo, y tal vez ese mundo me cambió.
No sé dónde voy a ir. Estoy perdida, sin saber quién soy.
Le miro en busca de respuestas y posibles reproches que me hagan saber que sigue vivo.
Se queda parado, tal y como estaba antes. Pero ahora poseé un brillo especial en sus ojos avellana.
Yo quise cambiar el mundo, y tal vez ese mundo me cambió.
Poso mi mano derecha en su hombro. Luego la izquierda.
Se estremece y noto como un escalofrío recorre su columna vertebral.
Entonces cierra los ojos muy fuerte, como si quisiese que le tragase la tierra.
Yo quise cambiar el mundo, y tal vez ese mundo me cambió.
Le abrazo, pero él sigue inmóvil.
Sigo abrazándole. Intento apretar lo suficientemente fuerte como para que se de cuenta.
No hay reacción alguna en su cuerpo.
Una lágrima furtiva escapa de su prisión en el lagrimal.
Yo quise cambiar el mundo, y tal vez ese mundo me cambió.
Agua fría como el hielo hace que mi cuerpo se suma en el más profundo de los abismos.
Arena suave inunda mi piel de extrañas sensaciones.
Yo quise cambiar el mundo, y tal vez ese mundo me cambió.
Giro la cabeza y lo veo avanzar.
Armonía en cada uno de sus pasos.
Brillo en sus ojos.
Pero una mueca seria en su cara.
Yo quise cambiar el mundo, y tal vez ese mundo me cambió.
Se sienta a mi lado. Distante. Parece una sombra de sí mismo.
Con la yema de los dedos roza la arena recién mojada.
Moja sus labios resecos con la punta de la lengua.
Yo quise cambiar el mundo, y tal vez ese mundo me cambió.
No sé dónde voy a ir. Estoy perdida, sin saber quién soy.
Le miro en busca de respuestas y posibles reproches que me hagan saber que sigue vivo.
Se queda parado, tal y como estaba antes. Pero ahora poseé un brillo especial en sus ojos avellana.
Yo quise cambiar el mundo, y tal vez ese mundo me cambió.
Poso mi mano derecha en su hombro. Luego la izquierda.
Se estremece y noto como un escalofrío recorre su columna vertebral.
Entonces cierra los ojos muy fuerte, como si quisiese que le tragase la tierra.
Yo quise cambiar el mundo, y tal vez ese mundo me cambió.
Le abrazo, pero él sigue inmóvil.
Sigo abrazándole. Intento apretar lo suficientemente fuerte como para que se de cuenta.
No hay reacción alguna en su cuerpo.
Una lágrima furtiva escapa de su prisión en el lagrimal.
Yo quise cambiar el mundo, y tal vez ese mundo me cambió.
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